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Cómo poner precio al trabajo creativo cuando el cliente no tiene con qué compararlo

Una cifra única se compara con el último número que el cliente escuchó. Tres niveles de alcance, criterios de decisión escritos y una lista de exclusiones trasladan la comparación a tu propuesta.

Por David Bustillo — CEO at Onetouch 5 min de lectura
Una mano escribe sobre un contrato impreso en primer plano, con las condiciones del acuerdo bajo el bolígrafo.
Lo que queda escrito sobre el alcance es lo único que el comprador puede comparar. El resto es una cifra sin referencia. Foto: RDNE Stock project / Pexels.
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Cuando un cliente no tiene precio de referencia, una cifra única se mide contra el último número que escuchó, y ese número casi nunca guarda relación. La solución es estructural: ofrece tres niveles de alcance, enuncia los criterios que los separan y escribe qué queda fuera del precio. Así el cliente compara tus opciones entre sí.

Puntos clave

  • Amos Tversky y Daniel Kahneman demostraron en Science en 1974 que las estimaciones se desplazan hacia el valor inicial disponible, aunque sea arbitrario. Un precio suelto se convierte en ese valor inicial.
  • Itamar Simonson encontró en Journal of Consumer Research en 1989 que las marcas ganan cuota cuando son la opción de compromiso, y que el efecto se refuerza cuando el comprador espera justificar la decisión ante otra persona.
  • El Pulse of the Profession 2018 del PMI reportó que el 52 % de los proyectos cerrados en los 12 meses previos sufrió scope creep, frente al 43 % de cinco años antes.
  • El Standard Form of Agreement de AIGA establece que el precio cubre solo los honorarios del diseñador, y separa los cambios generales facturados por hora de los sustantivos, que exigen nueva propuesta escrita.

Por qué una cifra única se compara con lo que no toca

Un cliente que nunca ha encargado un sistema de marca no tiene un precio interno para eso. No está siendo difícil cuando pregunta por qué cuesta lo que cuesta: no tiene nada al lado en la estantería.

Gráfico de barras agrupadas: el grupo anclado en 10 dio una estimación mediana de 25 y el grupo anclado en 65 dio 45.
El ancla era arbitraria y los participantes lo sabían, y eso es lo que se traslada a un precio suelto.
Amos Tversky y Daniel Kahneman documentaron el anclaje en Science, 27 de septiembre de 1974: "different starting points yield different estimates, which are biased toward the initial values". Grupos que partían de los números arbitrarios 10 y 65 dieron estimaciones medianas de 25 y 45 para la misma pregunta.

Si envías una sola cifra, has puesto tú el ancla sin controlar junto a qué se coloca. Puede caer al lado de la tarifa diaria de un freelance, de un marketplace de plantillas o de la última factura que el director financiero firmó con la palabra "diseño". Ninguna de esas comparaciones habla de tu trabajo, y discutirlas en una reunión casi nunca funciona.

Tres niveles de alcance llevan la comparación a tu propuesta

Presenta tres opciones que se diferencien en alcance, no en calidad. El nivel más bajo es un entregable real que publicarías. El más alto cubre despliegue, documentación y mantenimiento. El intermedio es el que recomendarías, y debe leerse así.

Itamar Simonson encontró que "brands tend to gain share when they become compromise alternatives in a choice set" (Journal of Consumer Research, septiembre de 1989). El efecto fue mayor entre compradores que esperaban explicar su decisión a otra persona, la condición normal en una compra por comité.

Dos condiciones lo mantienen honesto. Cada nivel tiene que ser entregable por sí mismo, para que el más barato no sea una trampa. Y la diferencia entre niveles tiene que ser alcance verificable: cuántos mercados, cuántas plantillas, si hay motion, si alguien mantiene el sistema tras el handover. Es la razón por la que cotizamos alcance y no horas.

Los criterios de decisión van en el documento, no en la reunión

Escribe como lista corta, antes de los precios, los criterios que separan los niveles. Número de marcas y mercados. Número de plantillas. Si la identidad tiene que funcionar en movimiento y en impresión. Si el equipo que la recibe tiene diseñador. Si la fecha de lanzamiento es fija.

Un cliente que lee esos criterios puede situar su caso sin que estés delante, y eso importa porque quien lee la propuesta rara vez estuvo en el briefing. Los criterios también sacan antes la pregunta real: sustituir la lista de deseos por criterios de decisión suele revelar que dos de los tres niveles nunca fueron pertinentes.

Escribe qué no incluye el precio

Las exclusiones no son papeleo defensivo. Son la parte del documento que mantiene sana la relación en el cuarto mes.

Figura que muestra un 52 % de proyectos con scope creep en los 12 meses previos, frente al 43 % de cinco años antes, sobre 5.402 respuestas.
El argumento para escribir las exclusiones antes del precio es la tendencia, no el nivel.
El Pulse of the Profession 2018 del PMI recogió 5.402 respuestas. Reportó que "52% of the projects completed in the past 12 months experienced scope creep or uncontrolled changes to the project's scope", frente al 43 % de cinco años antes (Project Management Institute, 2018).

El Standard Form of Agreement de AIGA lo resuelve con dos mecanismos que conviene copiar. Declara que el precio cubre solo los honorarios del diseñador, y detalla fotografía, licencias, cachés, producción de prototipos y hosting como costes fuera de él. Después divide los cambios en dos: generales, facturados a tarifa horaria estándar, y sustantivos, que exigen una nueva propuesta escrita con aprobación del cliente.

Fija tú el umbral en tu documento: una ronda de revisión por etapa, una lista nombrada de entregables y una frase sobre qué ocurre cuando una petición cruza la línea. Los clientes no discuten los límites enunciados por adelantado; discuten los que descubren tarde. La misma asimetría gobierna qué compra realmente una empresa cuando compra una web.

Preguntas frecuentes

¿Conviene poner precios ya en la primera propuesta?

Sí, junto con el alcance que los produce. Una propuesta sin cifras empuja la conversación de precio a una reunión, donde el cliente no tiene documento sobre el que razonar. Tres niveles con criterios visibles permiten descartar opciones antes de hablar contigo y acortan el ciclo.

¿Ofrecer un nivel barato no es descontar?

Solo si el nivel barato es el mismo trabajo con menos margen. Si es una pieza más pequeña y completa que publicarías sin incomodidad, marca el suelo del rango y hace legible el nivel intermedio. Un nivel que te negarías a entregar no debería aparecer.

¿Cómo se responde a "por qué esto cuesta más que la otra oferta"?

Compara alcances, no totales. Pregunta qué entregables, mercados y plantillas cubre la otra oferta y qué dice del mantenimiento tras el handover. Si los dos documentos describen trabajos distintos, la comparación nunca fue de precios. Vender en un mercado guiado por precio depende de dejar esa diferencia por escrito.

Por dónde empezar

Reescribe esta semana una plantilla de propuesta: primero criterios, después tres niveles, después exclusiones y el precio al final. Envíala a los dos siguientes prospectos y anota dónde preguntan, porque ahí sigue oscuro el documento. En seis meses sabrás si se elige el nivel intermedio. Si gana siempre el más barato, los criterios describen tus preferencias y no las restricciones del cliente, que es una de las tres preguntas que deciden si un proyecto fracasa.

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